
A LOS PIES DE LA CONSOLATA, QUEDÓ EL AGRADECIMIENTO POR LA VIDA
Por segunda vez en el año, somos testigos de las respuestas que la Virgen de La Consolata le da a sus hijos en la Basílica Santuario Nuestra Señora de La Consolata.
Por segunda vez en el año, somos testigos de las respuestas que la Virgen de La Consolata le da a sus hijos en la Basílica Santuario Nuestra Señora de La Consolata.
Semanas atrás, un domingo, un padre caminó kilómetros para cumplir una promesa. Le había pedido a la Madre del Consuelo, de rodillas, que intercediera para mejorar el estado de salud de su hijo cuando los pronósticos no eran para nada alentadores. Estábamos en medio de la misa cuando ese papá llegó. La emoción, el rezo y los abrazos lo dijeron todo. Se agradeció por la vida, ese preciado tesoro.
Este domingo, otra vez. La situación fue distinta pero el objetivo fue el mismo, agradecer por la vida.
Meses atrás, un grupo de vecinos de nuestro pueblo pidió por un amigo, por un hermano, de esos entrañables, que ocupan un lugar muy importante en el corazón de quienes lo quieren. Es que él estaba pasando una situación muy difícil de salud. Otra vez, con pronósticos difíciles de revertir.
Pero no se quedaron con las manos cruzadas, pidieron ayuda a toda la comunidad para que rezara por él. Es más, tomaron un objeto muy preciado para ellos y lo depositaron a los pies de La Consolata. Los medios de comunicación rápidamente nos unimos. Sabíamos quién era y, además, conocíamos su corazón generoso.
Sampacho era una sola oración, las redes se inundaron de afiches virtuales pidiendo por él. Y no fue un solo día, fueron semanas, meses, rezando. A su grupo de amigos se lo vio quebrado, acongojado, con ojos llenos de lágrimas y nudos en la garganta. No podían creer lo que estaba pasando, pero se aferraron a la oración y esperaban todos los días las buenas noticias de los médicos.
La gente rezaba por ese muchacho y siempre preguntaba por él. Hubo voces que se alzaron para decir que había salvado varias vidas. “Solo Dios sabe”.
El tiempo pasó, para algunos rápido; pero, para este grupo de amigos, el tiempo fue un reloj de arena. Parecía que las noticias llegaban en carreta, a veces eran buenas, otras no y así transcurrieron varios meses, pero la oración siempre estuvo ahí. Y La Consolata escuchó.
Como toda madre, sabía quién era su hijo. Ese que sabe de amor, de solidaridad, de dar una mano, en fin, de salvar una vida. Cómo no lo iba a ayudar. Iluminó a los médicos y a él le dio las fuerzas que necesitaba para no rendirse, para luchar y salir adelante. Lo logró.
Este domingo, en misa, estaban todos o casi, porque tienen muchas obligaciones; pero sus corazones estaban con él, con ese amigo entrañable.
Después de saludar al sacerdote, fue a buscar lo que le pertenecía. Lo tomó entre sus manos, le rezó a La Consolata y se fundió en un abrazo con cada uno de sus amigos mientras varias lágrimas se dejaban caer, pero, esta vez, de felicidad y agradecimiento.
El cura párroco aseguró que muchas cosas se pueden lograr cuando nos unimos. “Cuando hay comunión verdadera, se logran cosas inimaginables. Y la Madre, nunca abandona”.
Debajo de los pies de La Consolata, hoy se quedó el agradecimiento por la vida.
#fmidentidadsampacho #sampacho #noticias #virgendelaconsolata #consuelo
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Semanas atrás, un domingo, un padre caminó kilómetros para cumplir una promesa. Le había pedido a la Madre del Consuelo, de rodillas, que intercediera para mejorar el estado de salud de su hijo cuando los pronósticos no eran para nada alentadores. Estábamos en medio de la misa cuando ese papá llegó. La emoción, el rezo y los abrazos lo dijeron todo. Se agradeció por la vida, ese preciado tesoro.
Este domingo, otra vez. La situación fue distinta pero el objetivo fue el mismo, agradecer por la vida.
Meses atrás, un grupo de vecinos de nuestro pueblo pidió por un amigo, por un hermano, de esos entrañables, que ocupan un lugar muy importante en el corazón de quienes lo quieren. Es que él estaba pasando una situación muy difícil de salud. Otra vez, con pronósticos difíciles de revertir.
Pero no se quedaron con las manos cruzadas, pidieron ayuda a toda la comunidad para que rezara por él. Es más, tomaron un objeto muy preciado para ellos y lo depositaron a los pies de La Consolata. Los medios de comunicación rápidamente nos unimos. Sabíamos quién era y, además, conocíamos su corazón generoso.
Sampacho era una sola oración, las redes se inundaron de afiches virtuales pidiendo por él. Y no fue un solo día, fueron semanas, meses, rezando. A su grupo de amigos se lo vio quebrado, acongojado, con ojos llenos de lágrimas y nudos en la garganta. No podían creer lo que estaba pasando, pero se aferraron a la oración y esperaban todos los días las buenas noticias de los médicos.
La gente rezaba por ese muchacho y siempre preguntaba por él. Hubo voces que se alzaron para decir que había salvado varias vidas. “Solo Dios sabe”.
El tiempo pasó, para algunos rápido; pero, para este grupo de amigos, el tiempo fue un reloj de arena. Parecía que las noticias llegaban en carreta, a veces eran buenas, otras no y así transcurrieron varios meses, pero la oración siempre estuvo ahí. Y La Consolata escuchó.
Como toda madre, sabía quién era su hijo. Ese que sabe de amor, de solidaridad, de dar una mano, en fin, de salvar una vida. Cómo no lo iba a ayudar. Iluminó a los médicos y a él le dio las fuerzas que necesitaba para no rendirse, para luchar y salir adelante. Lo logró.
Este domingo, en misa, estaban todos o casi, porque tienen muchas obligaciones; pero sus corazones estaban con él, con ese amigo entrañable.
Después de saludar al sacerdote, fue a buscar lo que le pertenecía. Lo tomó entre sus manos, le rezó a La Consolata y se fundió en un abrazo con cada uno de sus amigos mientras varias lágrimas se dejaban caer, pero, esta vez, de felicidad y agradecimiento.
El cura párroco aseguró que muchas cosas se pueden lograr cuando nos unimos. “Cuando hay comunión verdadera, se logran cosas inimaginables. Y la Madre, nunca abandona”.
Debajo de los pies de La Consolata, hoy se quedó el agradecimiento por la vida.
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